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Cuando John Lennon pidió por la paz

A más de medio siglo de una de las declaraciones más punzantes del líder de los Beatles en Montreal, un repaso por el origen de la frase, el libro que la rescató del archivo oral y la vigencia de una advertencia que predecía la anestesia del consumo frente a la tragedia humanitaria.

En la primavera de 1969, el mundo ardía. La Guerra de Vietnam se devoraba las vidas de miles de jóvenes en el sudeste asiático, las calles de Europa aún crujían por las réplicas del Mayo Francés y la Guerra Fría dictaba un guion de paranoia global. En ese ecosistema de tensión absoluta, el hombre más famoso del planeta decidió atrincherarse en la cama de un hotel. Estamos hablando de John Lennon, quien supo ser el líder de The Beatles. No lo hizo para esconderse, sino para encender un megáfono incómodo.

Instalados en la suite 1742 del Hotel Queen Elizabeth en Montreal, John Lennon y Yoko Ono convirtieron su luna de miel en una acción artística, política y mediática sin precedentes: el Bed-In for Peace (Encamada por la paz). Entre sábanas blancas, rodeados de flores y carteles que rezaban “Hair Peace” y “Bed Peace”, la pareja recibió durante siete días a periodistas, filósofos y activistas. Fue el 1 de junio de ese año que dijo: “Si todo el mundo exigiera la paz en lugar de otro televisor, entonces habría paz”.

Cronistas escépticos le exigían soluciones pragmáticas a un músico de rock. Entonces disparó esta sentencia que hoy opera como una profecía de nuestra era hiperconectada. Pero para desarmar la potencia de esa frase es imperativo analizar su contexto histórico y simbólico. A finales de la década del 60, el televisor no era un electrodoméstico común; era el nuevo tótem del capitalismo tardío, el centro de gravedad de la sala de estar de la clase media global y la gran promesa de confort de posguerra.

Lennon, un agudo observador de la conducta de masas, identificó allí una trampa. El sistema ofrecía bienestar material a cambio de apatía política. La comodidad de consumir imágenes —incluso las de la propia guerra transmitida a la hora de la cena— funcionaba como un anestésico para la acción civil. La frase encierra una ecuación filosófica de responsabilidad individual: la paz no es un accidente geográfico ni un decreto de las cúpulas de poder; es una demanda colectiva que se asume o se delega.

Si el ciudadano medio invierte su energía, su tiempo y su salario en acumular bienes de consumo en lugar de presionar a sus gobernantes, se vuelve cómplice por omisión. Reemplácese hoy la palabra “televisor” por el último modelo de smartphone, la suscripción a una plataforma de streaming o el algoritmo de turno, y la interpelación de Lennon mantiene su vigencia intacta, desnudando cómo el entretenimiento y el mercado fagocitan las urgencias humanitarias. Para que haya paz, primero hay que exigirla.

Aunque la frase nació como una declaración oral al calor del debate periodístico, su supervivencia histórica y su estatus de manifiesto político se consolidaron gracias a su registro impreso. La cita aparece en John Lennon en sus propias palabras, publicado originalmente en 1980 por los editores Miles y Pearce Marchbank. A diferencia de las biografías tradicionales, este libro se estructuró como una curaduría minuciosa de declaraciones textuales, cartas, manifiestos y fragmentos de entrevistas.

Esa frase en Montreal no fue un exabrupto ni un eslogan publicitario; es, posiblemente, la síntesis perfecta del viaje intelectual de su autor. Representa la transición definitiva del John Lennon ídolo de masas —el joven de Liverpool atrapado en la histeria de la Beatlemanía de álbumes como A Hard Day’s Night— al John Lennon activista radical y artista conceptual influenciado por el situacionismo de Yoko Ono. Toda la obra posterior de Lennon está contenida conceptualmente en esa crítica al televisor.

Es el mismo nervio ideológico que meses después pariría la campaña global de afiches callejeros War Is Over! (If You Want It) (¡La guerra ha terminado! [Si tú quieres]) y que, en 1971, encontraría su forma artística en el himno Imagine. Cuando el músico cantaba sobre imaginar a la humanidad despojada de posesiones, fronteras y religiones, no lo hacía desde una utopía ingenua o de fantasía infantil, sino desde la convicción de que la sociedad civil estaba atrapada en un diseño cultural destinado a distraerla.

Fuente: Infobae

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